Psic. Liz Gomez

Por Liz Gómez

Muchos niños y niñas que crecen sin uno de los padres en casa, crecen demasiado rápido ya que asumen el papel principal de cuidados o tareas domésticas, esto puede hacer que se desarrollen emocionalmente más a prisa. Como consecuencia tendrá menos tiempo para concentrarse en el trabajo escolar, la diversión, los amigos o la vida social, algo que le llevará al resentimiento y al estrés.

Hay dos tipos de ausencia: la física y emocional. La primera habla de cuando alguien fallece y nunca más lo volveremos a ver o en su defecto cuando se cambia de residencia, si fuera este última la circunstancia que se vive, puede ser que la persona, en este caso el padre, aunque está a distancia busca el contacto con la familia, o por el contrario irse de casa y por supuesto, desaparecer totalmente. La ausencia emocional hace referencia a cuando se está en compañía del padre pero emocionalmente no hay contacto, es decir, no sabe cómo se siente el hijo, qué le pasa, no comparte actividades que generen interacción, esto implica para el hijo estar acompañado pero seguir sintiéndose solo. Los padres ausentes son padres que a veces más allá de su presencia física, no ejecutan ninguna función, delegando en su pareja la autoridad, la puesta de límites, el cuidado y el sostén emocional.

Cuando existe ausencia del padre, está figura, en algunos casos puede ser sustituida por los tíos, abuelos, primos, profesores o algún varón cercano, si fuera este el caso facilitaría un poco más el desarrollo del hijo en cuanto a su proceso de identificación, roles y tareas específicas. El rol del padre es de suma importancia porque gracias a él se instaura la autoridad en los hijos, el respeto a las reglas, a las figuras de autoridad, se desarrolla la capacidad de espera y entender que a veces se obtendrá un NO como respuesta, se fortalece el orden, la responsabilidad y la jerarquización de compromisos al igual que de valores, entre otros.

Por tal motivo, los hijos que crecen con ausencia del padre y sin ninguna figura significativa que de forma inconsciente o consciente colabore como autoridad, crecerán con algunos miedos a los vínculos afectivos profundos, incluso pueden llegar en la vida adulta a también abandonar a causa del patrón de conducta instaurado por el padre, pueden tener problemas con respetar la autoridad, dificultad para controlar sus emociones, algunos presentan problemas para tomar decisiones importantes e incluso se relaciona con la incapacidad para comprometerse, piensan poco sus actos, por tal motivo, suelen dejarse llevar por los impulsos a causa de que nadie impuso reglas, pueden presentar cuadros de ansiedad, estrés o agresión. En algunos casos, serán personas que tenderán a crear dependencia en sus relaciones por miedo a que los abandonen, en otros casos pueden llegar a buscar una pareja que tape ese vacío que sienten, es decir, parejas que tienen una diferencia de edad importante. También puede presentarse bajo rendimiento académico o abandono escolar justo por la falta de responsabilidad instaurada por la ausencia de autoridad.

Aunque esta ocasión escribí sobre la ausencia paterna, vale la pena recordar seas papá o mamá que, un niño no sólo está solo cuando los padres no están en casa, están solos cuando los padres no están con él, aunque estén en casa. Están solos cuando de manera constante los ponen a ver la tele para que no molesten o jugar con algún aparato electrónico para evitar que estén “dando lata”. La realidad es que, para tener adultos sanos es necesario dedicar tiempo de calidad aunque sea breve, es tener comunicación y saber escucharles sus necesidades, emociones y conflictos, al igual que hacerles saber cuando se dan cuenta que una emoción los está invadiendo. Es súper básico tener contacto físico y amoroso con ellos para que identifiquen la manera correcta de recibir amor y no mezclen emociones negativas con demostraciones de afecto. Sin duda que ser papá o mamá es otro sinónimo de amor, si concientizáramos que ser padre vale por cien maestros, este rol tendría un mayor compromiso para algunas personas.

 

Nos vemos pronto con más palabras democráticas para el placer y la conciencia.

 

Liz Gómez, psicóloga, psicoanalista

fiel creyente de que en la oscuridad es

donde encontrarás más luz y conciencia.

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