CuartoPoder / Verónica Torres Medrano

Morelia, Micho.- Todavía no daban las 6:00 de la mañana y afuera de las instalaciones de Ciudad Universitaria ya había gente formada.

Dos centros de vacunación se abrieron para la población en general de 30 a 39 años.

Unos arreglados y otros deportivos, inclusive en pijama, llegaron desde las primeras horas. El único objetivo, vacunarse contra el COVID-19.

El señor del “viene viene” ya se encontraba en el lugar, indicando a quien llegara donde estacionarse. La señora de los banquitos también llegó desde temprano, 130 y 170 pesos, chico y grande, respectivamente, se escuchaba.

“Ya llegaron los lapiceros de a 5, acá están los lapiceros de a cinco”, gritaba uno de los comerciantes ambulantes que se instalaban al momento que llegaban más jóvenes de 30 años, mejor conocidos como millenials, contemporáneos decían unos.

Hubo despistados que olvidaron llenar el expediente de vacunación y otros que no quisieron sentarse en el suelo y ensuciarse o mojarse un poco “el traste, las posaderas”, decían.

Juego de cartas y pláticas se veía y escuchaba, otros traían libros y con una pequeña lectura amortiguaban el tiempo de espera. El centro de vacunación abriría a las 8:30 de la mañana.

La gente seguía llegando con la esperanza de que la fila estuviera cerca de la entrada. Sin embargo, desde antes de las 4:00 de la mañana llegó la gente a formarse.

Con amigos, familiares o solos, poco a poco llegaron las personas mayores de 30 años, inclusive unos más acompañados por sus padres.

El café, el atole y los tamales también se hicieron presente desde tempranito. Mientras que los millenials optaban por consumir con el riesgo de buscar un baño o esperarse y ver donde desayunar al salir de la vacuna.

“Tengo que ir al trabajo saliendo de aquí”, “me voy a llevar el banquito al trabajo, ni modo de ir a mi casa”, “solo me dieron un ratito para ausentarme, mis jefes no comprendieron”, se escuchaba mientras que la gente seguía llegando e, inclusive, unos corrían para formarse y ganarle a todos aquellos que iban con calma, caminando.

Otros, en sus celulares, vieron películas, principalmente “Son como niños 1”, lo que permitió que muchos escucharan y recordarán buenos momentos del filme.

También, una vecina de la zona llegó molesta a la fila exigiendo quitaran un coche negro que estacionaron afuera de su casa. Con hoja en mano, con las placas, contó a los treintañeros que si bien no tiene cochera, dejó un bote para bloquear el paso. Nadie la escuchó.

Otros más aprovecharon para pedir apoyo y poder comprar medicamentos y estudios que requieren para la atención y tratamiento médico. Fueron contadas las personas que apoyaron.

Las caricaturas y series no faltaron. Inclusive hubo quienes pusieron música. Mantenerse despiertos era importante.

A las 7:44 de la mañana avanzó la fila. Al inicio, acomodaron al primer grupo que entraría al centro para la vacunación y poco a poco la esperanza de vacunarse era una realidad. La fila avanzó rápido; a esta hora, la fila estaba a la altura de Radio Nicolaita.

Poco a poco el piquete era una realidad. El avance de las filas era rápido y mientras más cerca estabas de la entrada se escuchaba, “credencial de elector y expediente de vacunación en mano”, de lo contrario no te permitían entrar.

Los encargados subieron la voz y regañando a los treintañeros les llamaron lentos.

“La fila no avanza porque son bien lentos”, “hagan dos filas” y otros más que ocasionaron en muchas risas, en otros reclamos.

Pero todo cambió al interior. Desde la entrega se cuidó las medidas de sanidad y pedían a las personas llenar el expediente de vacunación. Los lapiceros empezaron a rolar entre los asistentes, otros lo hicieron afuera. Todos entraron.

“No pueden tomar bebidas alcohólicas hasta 2 horas después”, se escuchó a lo lejos y los asistentes festejaron. En menos de un minuto se escuchó, “perdón, 72 horas. Es el micrófono”, y los abucheos y sonidos tristes retumbaron (ahhhh) entre los edificios de Ciudad Universitaria de la Máxima Casa de Estudios de Michoacán.

Poco a poco el personal de salud acomodó a la población en las sillas, las enfermeras listas para la inyección. Unas con cariño y otras con la mano pesada, aplicaron el biológico y recogieron el papel de la vacunación como constancia de la misma.

No más de 20 minutos dura la persona al interior del centro de vacunación. En el trayecto de salida se ve como ingresa más gente a vacunarse. Los niños esperan afuera y las voces de agradecimiento es lo más brillante y sonoro que se escucha al final de la jornada.