Psic. Liz Gomez

Por Liz Gómez

De acuerdo a la personalidad que se forma a través del desarrollo de las personas y de cómo las han educado en valores, en estilo de vida, en límites y en congruencia, se desarrollará un estilo de autoridad en el hogar que ayuda a la educación de los hijos, por supuesto, trascendiendo al estilo de paternidad y maternidad en la familia que se forma cuando se independiza de la familia nuclear.

Si bien es cierto que educar a un hijo no es un ejercicio fácil, pues se debe contar con tolerancia, capacidad de escucha y negociación, empatía y mucha paciencia para ir al paso y ritmo que los hijos necesitan. Esta formación que se otorga a los hijos de acuerdo a la previa educación y experiencia de vida de los padres, influirá de manera importante en el desarrollo de la personalidad de los hijos, en la autoestima, y en la capacidad de cumplimiento de objetivos. Por lo anterior, es importante clarificar los tipos de padres que se llegan a identificar de acuerdo a ciertas actitudes de los hijos o actos de los propios progenitores.

Permisivos o pasivos, no tienen autoridad y se esfuerzan por ser los amigos de los hijos: tienen hijos libertinos, sin límites e irresponsables. En muchas ocasiones a estos padres no les interesa la vida personal de sus hijos, simplemente evalúan el bienestar de ellos basándose en las notas escolares y opiniones de los maestros o jefes del trabajo, cabe señalar que permiten que sus hijos hagan lo que sea su voluntad sin restricción ni consecuencia alguna. Sus hijos tendrán parejas que les digan qué hacer, ante dificultades no sabrán cómo resolverlas y por ende tendrán inestabilidad.

Proveedores, solo dan cosas materiales: sus hijos son demandantes, exigentes, solo están a la espera de recibir cosas sin el menor esfuerzo, por lo tanto, son egoístas y no saben recibir un no como respuesta. En varias ocasiones los padres quieren que sus hijos vivan la vida que ellos no tuvieron, o no quieren que sufran en absoluto y por ello dan a manos llenas y sin medida. Un ejemplo de actitudes de estos tipos de padres, es que a veces quieren que estudien o hagan lo que ellos no pudieron hacer. A veces como padres olvidan los propios sueños para vivir a través de la vida de sus hijos, y pretenden hacer propios los éxitos que sus hijos han alcanzado, sin haber cumplido los de ellos, es decir, en algunos momentos quieren vivir fusionados. Sus relaciones interpersonales son caóticas porque sus hijos son orgullosos, esperan que la pareja los provea y satisfaga sus necesidades.

Castigadores o autoritarios, se basan en la violencia para educar: tienen hijos violentos, agresivos, hostiles, rencorosos y con poco control de impulsos. Nunca están satisfechos con lo que hacen sus  hijos, todo lo que obtengan o lo que no logran lo reprochan y encuentran defectos, nada es correcto o suficiente, por lo tanto, siempre tendrán motivos para recriminarlos. Son padres que siempre les recuerdan los fracasos que han tenido, por lo tanto, no reconocen los logros alcanzados. Sus relaciones interpersonales carecen de bienestar a causa de que no saben hacer contacto con emociones, demeritan a la pareja y buscan que se haga su voluntad sin considerar la opinión o sentir de la otra persona.

Sobreprotectores, son absorbentes, demandantes y dominantes: sus hijos son inseguros, dependientes, sin autonomía y débiles.  Los padres piensan que sus hijos siempre están en riesgo y que todo les puede pasar, por ese motivo ellos prefieren adelantarse y resolver lo que sus hijos necesitan. También están vigilando lo que sus hijos hacen para evitar que nunca estén en riesgo y si llegan a estarlo, ellos van a su rescate, el fin último de ellos es inutilizar a sus hijos dado que no les dan recursos emocionales para defenderse cuando ellos no estén. Este tipo de padres siempre darán más de lo necesario en cuanto a la economía, soluciones de todo tipo o cualquier otro recurso necesario que implique y genere dependencia, en particular en sus relaciones con los demás.

Víctimas o manipuladores, viven echando la culpa de lo que les pasa a sus hijos, reprochan las cosas que hacen por ellos: por tal motivo, tiene hijos que viven con culpa, tienen una carga de responsabilidad por la vida que sus padres han llevado, se sienten con el compromiso de estar con ellos por siempre para resolverles la vida, a causa de que con su presencia “arruinaron” la vida de sus padres. Este tipo de padres normalmente no están cuando sus hijos los necesitan porque en su jerarquía de necesidades sus hijos no existen en las primeras filas. Siempre buscarán beneficios a través de sus hijos y en algunos casos, harán lo que sea necesario para lograrlo, por ello siempre harán que se compadezcan de ellos y estén a su servicio.

Asertivos o empáticos, acompañan y guían, buscan predicar con el adecuado ejemplo, este ejemplo está basado en la congruencia: tienen hijos líderes transformacionales, que van con la bandera de responsabilidad en todo lo que hacen, tienen una educación basada en valores, son independientes, autónomos y seguros. Estos padres permiten que sus hijos se equivoquen y los orientan cuando esto sucede, los informan sobre situaciones de riesgo y los ayudan a que ellos mismos se responsabilicen de sus actos y decisiones, dejándolos que exploren y entiendan su propia experiencia. Por lo tanto, sus relaciones interpersonales son estables.

Es sabido que no hay un lineamiento para comprender cómo se debe actuar en ciertos momentos en que los hijos comenten algunos actos que para los ojos de los padres son inadecuados, sin embargo, la manera más adecuada para ayudarlos a sobrellevar situaciones difíciles y a su vez disfrutar de cosas positivas, es enseñándolos a entender los diferentes tipos de motivación que tendrán a lo largo de su vida, hacer que los hijos se sientan amados, ayudarlos a ser independientes y autónomos, promover un ambiente con límites claros, permitiendo a su vez que enfrenten las consecuencias de sus actos y decisiones, creyendo como padres en las soluciones que los hijos también llegan a proporcionar.

Recuerda que el mejor legado de los padres a sus hijos es el tiempo y empatía en cada día, entendiendo que jamás la perfección será una palabra que forme en amor.

Nos vemos pronto con más palabras democráticas para el placer y la conciencia.

 

Liz Gómez, psicóloga, psicoanalista

fiel creyente de que en la oscuridad es

donde encontrarás más luz y conciencia.