Por Rafael Malpica

Carlos Herrera Tello, hasta hace unas horas, secretario de Gobierno de Michoacán, dejó el ayer cargo para afianzar su candidatura por la alianza del PRD, PRI y PAN, el grupo político michoacano que pretende a costa de todo, atajar la llegada de Morena al palacio de la avenida Madero. La alianza definió que el candidato será perredista. Y Carlos Herrera es la figura más visible. Con su renuncia, cualquier análisis cruza por el costo-beneficio que está en juego, para esos partidos.

El camino es complejo. Aunque se sumaran todos los partidos políticos a la candidatura de Carlos Herrera, -un empresario de la política a quien el propio Silvano Aureoles, confirmó como su gran amigo y una especie de financiero para diferentes puestos de elección popular-, las cosas no serán fáciles, por el desprestigio del PRD provocado por los desvaríos del gobernador; y porque de los tres partidos, no se hace uno solo completo.

Y es tan complejo, que esta mañana, el pudor se quedó en el closet, y salió a relucir toda la fuerza del Estado para anunciar, aquí en la sede del poder legislativo, que el candidato a cuidar la espalda de Silvano es, justo, Carlos Herrera.

Sin cuidar las formas, la Coordinación General de Comunicación Social del Gobierno de Michoacán, cuyos recursos operativos, técnicos y financieros son públicos, anunció oficialmente la renuncia del amigo del gobernador para buscar la gubernatura. El comunicado oficial 739/2020 es prueba clara del uso de todos estos recursos para favorecer a un candidato y por lo visto, a tres partidos: “Carlos Herrera va por gubernatura: ‘Mi ruta son los caminos de Michoacán’”. Todo indica que el riesgo está calculado, y que es más lo que se gana, que la posible sanción de la autoridad electoral.

Que Silvano y Carlos Herrera estuvieran juntos hoy para despedirse y anunciar esta candidatura, no es novedad, ni es sorpresivo: uno tiene que pagar, y el otro está dispuesto a cobrar.

Es cuanto…