Por Liz Gómez

Desafortunadamente en la actualidad se ha visto un alce en los índices de ansiedad en la población, peor aún que se ha manifestado con mayor frecuencia en niños y adolescentes. Si bien, la ansiedad tiene una función fisiológica y de protección hacia ambientes desconocidos al igual que hacia el miedo, dos situaciones comunes en niños y adolescentes.

Al decir que tiene una función protectora, me refiero a que si no existiera la ansiedad el niño entraría en un proceso de crisis patológica, la ansiedad entonces, es una señal de alarma que debe ser vista y atendida a tiempo para que a su vez la ansiedad no se convierta en un trastorno patológico. La ansiedad, nos da señales frente a posibles peligros que se manifiestan en el entorno y provoca una conducta de evitación o huida, por lo tanto la ansiedad normal no debe ser suprimida, sino por el contrario: atendida a tiempo.

Hablar de ansiedad patológica implica tener reacciones, actitudes, y frecuencia desproporcional a la realidad que se está viviendo o incluso surge en ausencia de alguna causa real, simplemente aparece desde ideas o fantasías creadas por la propia persona.

Algunos de los síntomas que pueden presentarse en niños y adolescentes son: dolores de cabeza, alteración en el sueño, dolores abdominales, inquietud motriz, llanto excesivo y sin motivo aparente, falta de apetito, no quieren separarse de los padres o algún familiar, aparecen miedos que no sean típicos de su edad, hay angustia, obsesiones o ritualismos, presentan dificultad para concentrarse, inhibición motriz y dificultad en la memoria, también puede aparecer problemas en la respiración, sequedad en la boca, manos húmedas y temblores.

Lo anterior puede dar como consecuencia dificultades en el aprendizaje y para relacionarse de manera apropiada, conflictos relacionados a su comportamiento en la escuela, le puede costar trabajo adaptarse, hay demasiada irritabilidad, rabietas o llanto excesivo, presenta dificultad para hablar de algún problema o puede restarle importancia a sus problemas.

La forma más apropiada de ayudar a un niño o adolescente que padece de ansiedad, es primero indagando sobre qué situaciones le preocupan y cuáles le generan miedo, para identificar si son reales o producto de su fantasía, es muy importante no restar importancia a lo que pueda expresar, recordemos que un adulto ve las cosas distintas a un niño por su experiencia y desarrollo, para un niño o adolescente sus preocupaciones son graves para su edad, no para la edad del adulto en algunos casos. Los padres, maestros o adultos que estén a su alrededor deben ser claros en las emociones que vean que los niños presentan, pues si se trata de evitar el enojo, la tristeza, la ira, el asco, que por lo regular son emociones poco aceptadas, se estará enseñando al niño o adolescente a que sienta miedo o preocupación de vivirlas. Si se promueven relaciones respetuosas y afectuosas generarán confianza y actitud positiva para que puedan expresar sus pensamientos y sentimientos por más absurdas que le parezcan a un adulto. De las cosas más importantes, es que como adultos fomenten la paciencia en sí mismos para poder ser un agente de ayuda en los niños y adolescentes, esto porque una persona que presenta ansiedad regularmente tiene un proceso lento para entender sus ideas y miedos irracionales, sino se es paciente como adulto generará más miedos en los niños. Es de suma importancia buscar ayuda profesional para que se atienda a tiempo un proceso de ansiedad, tanto con un psicoterapeuta y paidopsiquiatra de ser necesario.

Recuerda que la ansiedad es la mente yendo más rápido que la vida, ayudemos a que la mente se acople al momento real y del instante por el que pasan los niños y adolescentes.

Nos vemos pronto con más palabras democráticas para el placer y la conciencia.