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Por: Ar Mendoza

En días pasados visité el centro histórico de la capital michoacana, un lugar que sin duda es el epicentro de la vida política y social de Morelia. Sin embargo, nunca había prestado atención a los adornos que colocan con motivo de las fiestas navideñas año tras año. Me sorprendieron los lujos y la parafernalia con que el ayuntamiento adornó el primer cuadro de la ciudad, incluso colocando una pista de hielo para patinar a un costado de la catedral.

La alegría y la felicidad son temas primordiales para que la sociedad tenga un desarrollo dentro de cualquier actividad productiva, eso no lo niego, pero me parece que existen problemáticas más importantes para invertir que una pista de hielo, que dicho sea de paso costó 2.5 millones de pesos, en donde, además, cobran 100 pesos por usuario para poder ser instruidos.

Morelia vive una época oscura donde la delincuencia es el pan nuestro de cada día, donde las colonias no cuentan con infraestructura vial y donde la popularidad del alcalde pareciera ir más de la mano con lo mediático, que con lo tangible. Solo falta echarse un clavado por Facebook para observar la cantidad de medios de comunicación “patito”, que emiten publicidad acerca de la administración encabezada por Alfonso Martínez, eso sin mencionar, lo que gasta en sus cuentas de redes sociales para promocionarse.

No podemos negar que como morelianos nos enorgullece ver al centro histórico radiante, lleno de emoción, color y folclor. Que los turistas nacionales e internacionales se deslumbren con la hermosura del primer cuadro de la capital michoacana, pero pareciera únicamente ser una especie de maquillaje para ocultar las imperfecciones que vive la periferia de la ciudad y lo que se sufre día con día en ella.

Lo cierto es que administraciones van y administraciones vienen, pero realmente no existe un plan para rescatar a las colonias de las afueras de Morelia. Falta de iluminación en las calles, baches, inseguridad y servicios altamente costosos son algunas de las cosas que afectan a los vecinos que habitan gran parte de la capital michoacana.

Quizá para los ciudadanos la felicidad no radique totalmente en ir a ver la parafernalia del centro histórico de Morelia, posiblemente les genere más alegría ver su calle sin baches, iluminada y con avances en materia de seguridad, de vialidades dignas y de beneficios colectivos y no de caprichos individuales.

Pero es que la fórmula para mantener controlada, enajenada y sojuzgada a una sociedad se sigue repitiendo; simplemente hace falta recordar aquella frase que dice “al pueblo pan y circo”, para darnos cuenta que las cosas no han cambiado mucho desde hace más de dos mil años.

Y bueno… citando el slogan del gobierno municipal: “Morelia Brilla”, nos damos cuenta que lo único que resplandece son ciertas partes de la ciudad, aquellas que se pueden presumir y que están nomás por ‘encimita’.