CuartoPoder / Verónica Torres Medrano
Morelia, Mich.- “Él no quería verme así; era cariñoso y nunca me hubiera dejado con este dolor”, resaltó Martha Elba Ceja Jiménez, quien desde hace 11 años no ha pasado de buscar a su hijo Edgar Rafael González Ceja, quien en ese entonces tenía 34 años.
Carnicero y con un camino por delante, Edgar fue visto por última vez en la parada de camiones y taxistas en la salida a Pátzcuaro, en la capital michoacana; un taxista fue la última persona en verlo. Su desaparición sigue siendo un misterio.
Martha cuenta que el 20 de enero de 2011, Edgar dejó a la hija de su pareja a su casa, después del colegio; avisó que regresaría alrededor de las 6:00 de la tarde. Eran las 2:30 de la tarde.
“Se fue a abordar un taxi de un vecino, quien dice que en el camino recibió tres llamadas y en todas decía – ya voy, ya voy, ya voy -. Llegó a donde se paran los autobuses y taxis de salida a Pátzcuaro, en Calzada La Huerta; ahí lo dejó el taxista y fue lo único que supimos de él”, refiere.
La semana entrante a su desaparición, Edgar cumpliría 35 años. Es el segundo de cuatro hijos y quien laboraba como carnicero.
A los días de su desaparición, y tras interponer la denuncia ante las instancias correspondientes, Martha cuenta que recibió una llamada, era su hijo pidiendo que retirara la denuncia.
“Tenía miedo, le temblaba la voz”, dice al momento de que se le entrecortó la voz; fue la última vez que habló con él.
Martha sabe que difícilmente encontrará a su hijo con vida, pero no piensa dejar de buscar hasta encontrarlo y saber que descansará, que ella tendrá un lugar donde visitarlo.
Si bien carga esta pena desde hace 11 años, reconoce que el 10 de mayo ha sido difícil para ella y su familia tras la desaparición de su hijo. “Nada que festejar, pero tengo tres hijos más y ellos no tiene la culpa”.
Apenas el año pasado aceptó festejar el 10 de mayo, hoy también, pero primero, dice, salió a exigir justicia ante los cientos y miles de casos de personas desaparecidas y, donde las madres, son las que siguen en pie de lucha con la esperanza y exigencia de encontrar con vida a sus seres queridos o un cuerpo al que puedan enterrar.