Psic. Liz Gomez

Por Liz Gómez

Es inevitable el llegar a fin de año, los días pasan sin permiso y sin cuestionamientos sobre si se quiere o no estar ahí, simplemente en un parpadeo se inician las festividades de diciembre y con ellas se arrojan distintos ajustes a nivel inconsciente y en algunos casos muy consciente. Para algunos esto implica malestar por los esfuerzos de convivir con quien se tiene un conflicto o lo que representa la fecha, para otros es un momento esperado durante el año ya que se reúne la familia, se está de vacaciones y es un punto de convivencia masivo.

Año tras año en la mayoría de las familias enseñan las costumbres que como familia se viven y se han heredado, dentro de ellas están los regalos, las comidas típicas de cada hogar, los juegos, los viajes familiares, los disfraces, las posadas, la oración, etcétera. Pero en pocas se acostumbra el análisis personal de lo que fue el año y lo que hace falta por cumplir, desde las propias y reales expectativas, si así se hiciera no solo tendríamos un festejo social y reconciliador en familia, sino también consigo mismo. Es por ello que terminando diciembre ese bienestar que se vivió pocas veces permanece, y hacen entonces, de la felicidad solo instantes y no un estilo de vida pleno.

Dentro de este análisis personal se deben responder cinco cosas principalmente: 1. ¿En qué cosas mejoré o logre? 2. ¿Cómo y Dónde me gustaría verme el próximo año? 3. ¿Qué nuevos objetivos y expectativas tengo? 4. ¿Qué puede impedir que logre mis objetivos? 5. ¿Qué rasgos de mi carácter debo mejorar? Lo anterior implica aspectos familiares, laborales, económicos, amorosos, educativos, sociales, profesionales, etcétera. Para todo esto es necesario que se analicen las creencias que se tienen, los pensamientos que derivan de éstas, los sentimientos, emociones y conductas, a causa de esto se generan obstáculos o beneficios para el cumplimiento de lo que se desea.

Por ejemplo, hay personas que sienten miedo de ser rechazadas por los demás, pero en realidad estas personas han creado pensamientos irracionales sobre esa supuesta sensación de rechazo que normalmente se derivan de una baja autoestima, “no me aceptan porque tengo sobrepeso”, “no quieren estar conmigo porque estudio en otro colegio”, etcétera, como consecuencias generan pensamientos negativos y sentimientos displacenteros. Otro ejemplo, es cuando se quiere tener más vínculos sociales pero no se conocen los propios obstáculos que impiden construir nuevas relaciones interpersonales, por ejemplo, cuando alguien se acerca a ti y no te das cuenta que gesticulas de más y haces que se genere una inadecuada impresión de ti, otro ejemplo, cuando alguien se acerca a ti e inicias a realizar bromas de algunas características que tiene la otra persona. Estos ejemplos sin duda generan incomodidad, y la causa es la incapacidad de verse así mismo con sus defectos.En estas festividades vale la pena reconocer los esfuerzos y logros propios, al igual de los que están alrededor de nosotros, se podría iniciar creando una actitud de orgullo ante los objetivos alcanzados y reconocimiento de los propios errores, cuidando y regulando siempre las emociones que emergen de las distintas situaciones que puedan ocurrir en las celebraciones.

Muchas personas sienten que las fiestas, en lugar de ser espacios de reunión y unión familiar, son momentos que muchas veces generan conflictos y malestares: los regalos, la comida, la familia, etcétera. Otras veces, las fiestas son también momentos de angustia por aquellos que no están, que ya no pueden compartir con nosotros,  y esta falta se hace presente indudablemente en esos días.

Es posible seleccionar las emociones que sentirán en ciertos lugares o situaciones y trabajar sobre ello, por ejemplo, si sé que el lugar donde pasaré las fiestas supone conflicto, y que provocará emociones negativas, puedo tratar de evitar la participación en ese lugar, ello supone no ir, sino es posible faltar, existe la opción de llegar a acuerdos con nuestros acompañantes o con nosotros mismos negociando entonces el tiempo que estarán ahí, cómo se sentarán en la mesa y cómo se mediará un conflicto si es que se presenta, a su vez evitar hacer comentarios, contactos y acciones que se sabe podrían crear un malestar con alguien más o con uno mismo, y finalmente depositar la atención en cualquier otra cosa que pueda otorgar vivencias agradables, por ejemplo, el ver a nuestros padres como se divierten, el ver a la pareja la manera en que disfruta, eso hará de la estancia algo grato, dado que no solo fluyen situaciones adversas, sino que dependerá de la jerarquía que generas en tu atención.

Recordemos que el fin de año implica un duelo acerca de lo que concluimos y de lo que soltamos en las distintas situaciones que vivimos, este análisis debe realizarse para evitar la culpa de lo que no se logró, sino como oportunidad de mejora en lo que falta por corregir y poner nuestra atención en el reconocimiento de lo alcanzado. Siempre recordando que para avanzar en plenitud al año próximo, se debe entender el perdón como una forma de romper obstáculos, el perdón es un proceso que también llega con el fin de año y a su vez promueve la alianza positiva con las personas que apreciamos. Invariablemente el inicio de algo implica un proceso de adaptación, para lograr esta adaptación es indispensable realizar el análisis antes mencionado, pues ese será la guía para cuando nos sintamos perdidos o fuera de lugar en lo que estamos realizando.

Nunca habrá metas inalcanzables sino personas que se rinden a mitad del camino, los monstruos emocionales serán tan grandes como el propio miedo, la pregunta clave será ¿Qué tanto miedo tienes para el próximo año?

Nos vemos pronto con más palabras democráticas para el placer y la conciencia.

Liz Gómez, psicóloga, psicoanalista

fiel creyente de que en la oscuridad es

donde encontrarás más luz y conciencia.