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Fanatismo: Conflicto emocional y rechazo social / Psic. Liz Gómez

Por Liz Gómez

El tener gusto por algo o un hobby genera bastante relajación cuando se hace o se practica por gusto y placer, el quehacer diario que implique de forma adicional una de estas actividades hará de las personas una actitud más llevadera, con mayor entusiasmo y con un pensamiento más libre, sin embargo, cuando las actitudes, pensamientos y opiniones están plagados de fanatismo, entonces esto ya no lleva a una intención de relajación o desestrés, sino que por el contrario, es una persona que defiende con tenacidad desbordada sus creencias y opiniones, y que se entusiasma o preocupa ciegamente por algo sin dar oportunidad a una opinión o idea contraria, lo que genera ansiedad y obsesión por controlar el pensamiento y acto del otro.

Ser fanático implica ser una persona con excesivo entusiasmo hacia una idea, tiene idolatría religiosa, política, deportiva, hacia un pasatiempo o hobby, incluso hacia una persona a quien se admira intensamente. Cuando obtienen una idea contraria a la de ellos referente a lo que honran, pueden actuar de manera obstinada o violenta dado que pierden un sentido de realidad al no comprender que son personas distintas, o incluso personas con pensamientos y gustos distintos, no respetan la opinión o la queja hecha de las demás personas, no son negociadores de pensamiento ni mucho menos aceptan errores cometidos de las ideas o actos que defienden, pues consideran su verdad como única, por lo tanto juzgan a los demás a por mayor. La ceguera que produce este entusiasmo desmedido puede llevar a que la persona fanática se comporte, en ocasiones, de manera irracional y/o en extremos peligrosos para los que están a su alrededor intercambiando ideas. Por ello, se desencadena una necesidad incontrolable por dominar la opinión del otro, tienen estrés como consecuencia de que los demás los puedan en algún momento contradecir o señalar sus conductas inadecuadas, viven bajo la culpa sino se hacen las cosas bajo los mandamientos o ideas que profesan, lo que lleva a muchas veces a tener una pelea inconsciente entre lo que quisieran ser/hacer y lo que deben ser/hacer de acuerdo a las creencias que tienen.

En síntesis, el fanatismo presenta varias tipos, por ejemplo, hay fanáticos que tienen creencias por una actitud “borrega” donde creen en algo que les han dicho o escuchado pero no razonan su idea ni tienen argumentos que la justifiquen, solo la tienen porque se los dijeron o se los sugirieron; otros no aceptan los análisis hechos a sus ideas o actos, son intransigentes a los criticas hechas a los demás; otros fanáticos actúan en extremos de bueno y malo, es decir, no hay medios términos; algunos otros, tienen el interés de imponer la propia cultura, estilo o creencias y de forzar a que los demás se adscriban a lo mismo, por lo tanto, rechazan ciertos estilos de vida, etiquetas o modelos estandarizados fuera de lo que ellos creen; hay otro tipo, los cuales suelen alejarse de la conversación o debate con la excusa de que las personas no tienen el suficiente conocimiento para conversar del tema, eso lo hacen a causa de que ya no tienen suficientes argumentos para discutir con alguien que habla desde la realidad y los quiere hacer entrar en conciencia; su premisa de vida es: si no estás conmigo estas en contra de mí.

Sin embargo, el fanatismo conlleva ciertos efectos en un nivel emocional y social como: limita la libertad, empobrece la realidad y conciencia, incomunica, limita la autocrítica y el afán de superación, no acepta el pluralismo en sociedad por ello provoca la negación de la dignidad humana de los otros.

Recuerdo a un par de pacientes, una de ellas tuvo problemas con su marido por cuestiones económicas, después de ello se enfocó en la religión X, al leer los postulados de cierta religión la culpa la envolvió asumiendo que debía ahora darle dinero a todos los necesitados que se acercaran a ella, de tal manera que los ahorros que tenía los fue regalando de a poco porque desde su dogma religioso es lo que debía hacer para estar bien con Dios, las personas cercanas a ella que no lo hacían por supuesto que se salían de su idea de bienestar. Otra paciente pide una sesión de emergencia porque dice estar en crisis, su conflicto era que había tenido una discusión con su hija adolescente a causa de que su hija camina “brusca, como hombre” desde pequeña, la chica tiene sobrepeso y una talla de busto muy elevada, situación que entorpece el que ella pueda tener una postura recta, de igual manera no le gusta maquillarse. La madre se conflictuó porque le pregunto a su hija que si le gustan las mujeres, la hija respondió a tanta presión, que no sabe. La madre dice que su hija “no es perfecta, que está muy preocupada porque siente que ella con sus palabras la ha hecho dudar de su sexualidad, al decirle que camina como macho y exigirle que se maquille”, explica que se siente muy culpable de que su hija pueda ser homosexual por no ser una chica “normal” con las ideas “femeninas” que le inculca, además que la religión X no acepta esa orientación sexual.

Convertirse en fanático es resultado de un proceso gradual en el que determinados líderes, la pareja, ciertas ideas sociales, la familia, las redes sociales o los amigos desempeñan un papel muy importante, sobre todo en la adolescencia, para empezar a desarrollar esta clase de actitudes y creencias, donde las influencias externas forman el principal factor desencadenante. Las personas son más vulnerables al fanatismo y a la violencia cuando acumulan frustraciones repetidas originarios de un entorno percibido como hostil, sentimientos de humillación y venganza, carecen de un proyecto existencial propio y de una identidad personal, presentan ciertas características psicológicas como sugestionabilidad, hipersensibilidad emocional, con poca disposición al razonamiento e intolerancia a las críticas, autoestima baja, impulsividad o excesiva dependencia emocional de otras personas o creencias a quienes conceden un liderazgo incondicional.

Hace poco leí en una nota “cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es incurable” no dejemos que la educación se convierta en pensamientos chiquitos llenos de absolutismo, hagamos de los demás seres libres de ideología,  llenos de aceptación a la diversidad de la palabra y acción.

Nos vemos pronto con más palabras democráticas para el placer y la conciencia.

 

Liz Gómez, psicóloga, psicoanalista

fiel creyente de que en la oscuridad es

donde encontrarás más luz y conciencia.