Por Liz Gómez

Has visto personas que planean situaciones, cosas, momentos y las dejan a la mitad o incluso nunca llega la fecha de cumplimiento, ciertamente cuando esto sucede, se habla entonces de personas que tienden a procrastinar. El tener este hábito implica postergar y evitar el realizar alguna actividad a causa de que se pierde el tiempo en cosas menos importantes o aparentemente más interesantes, sin embargo, solo se están buscando pretextos para no concluir lo que se planeó en un inicio.

Hablar de procrasticar implicará hablar del estilo de vida de las personas que suelen hacerlo, ellas tienden a tener dificultades con su carácter y el manejo de sus emociones negativas principalmente, por ejemplo, las actividades que postergan suelen generarles ansiedad, fatiga, aburrimiento, enojo, frustración, miedo, entre otras, por consecuencia se ve reflejado en el incumplimiento de sus objetivos.

Un ejemplo de lo anterior, es postergar el lavar la ropa, el limpiar el baño, hacer la tarea escolar, o por el contrario, sentirse inseguro para realizar la actividad, considerar que no se es capaz para llevar a cabo alguna acción, presentar baja autoestima, miedo por ser criticado, etcétera. Cuando se duda de uno mismo, se suele cambiar la tarea planteada por otra que de manera inmediata pueda generar mayor satisfacción o impida el que aparezca alguna sensación negativa.

Si desde edades tempranas no enseñaron a la persona a descubrir y reconocer sus talentos, será muy difícil que cuando tenga responsabilidades pueda cumplirlas cabalmente porque todas sus habilidades y emociones estarán en duda. Procrastinar no es una cuestión de flojera, es cuestión de inseguridad personal frente al mundo.

La procrastinación en el punto más inadecuado tendrá como consecuencia el sentimiento de culpa, por no cumplir con las tareas propuestas, o en su defecto por no hacerlo adecuadamente será rechazado socialmente, generará desconfianza en los demás, no confiarán en sus capacidades y con ello se fortalecerá una sensación de fracaso, lo que da continuidad a la procrastinación.

Lo que hace que este hábito prevalezca es que, la procrastinación proporciona de manera temporal tranquilidad falsa, al autoconvencerse de que solo se está postergando la tarea, más no hay negación a llevarla a cabo, esto hace que sea atractivo el postergar para obtener calma momentánea.

Si bien es cierto que la procrastinación genera problemas en la productividad personal, también es cierto que no solo es ahí donde se ve manifestada, sino que, la salud física y mental tienen sus consecuencias, ejemplo de ello es, que puede generar baja satisfacción personal, altos niveles de estrés y angustia crónica, rasgos de tristeza profunda, taquicardia, dolores de cabeza intensos, entre otros.

Si eres una persona que tiende a procrastinar, evita paralizar tus tareas por pensar en exceso en cómo hacerlas, deja de autoengañarte en cuanto a tus habilidades y tiempos, el mañana se vuelve tu frase favorita e identifica si la usas muy a menudo, pon un plazo realista para cumplir tus tareas, haz las cosas a solas para evitar distracciones, divide la tarea en varios momentos para que no la sientas pesada e intenta evitar interrupciones en general.

Apoyemos a personas que descubramos tienden a procrastinar, no olvidemos que detrás de ese hábito hay miedo al fracaso, a lo desconocido y a ser criticado.

Nos vemos pronto con más palabras democráticas para el placer y la conciencia.

Liz Gómez, psicóloga, psicoanalista

fiel creyente de que en la oscuridad es

donde encontrarás más luz y conciencia.

psic.lizgomez@yahoo.com.mx