Por Patricia Padrón

Con un comportamiento a la baja y después de haber registrado semanas con altos números de casos positivos y defunciones por COVID-19, hoy Michoacán comienza a ver una despresurización en los hospitales donde el personal trabajó día y noche para tratar a los pacientes que así lo requirieron.

En un esfuerzo transversal en el que se sumó la mayoría de los sectores, finalmente los indicadoras comienzan a bajar, las más de 24 mil pruebas de antígeno que realizó la SSM de forma estratégica, permitieron detectar en cuestión de minutos más de 8 mil casos para iniciar el tratamiento y proceso de aislamiento para con esto, romper la cadena de contagio.

No solo se logró evitar pasar a Semáforo Rojo por parte del Gobierno Federal, –aun y cuando se está rodeado de estados que si lo están– sino que además se salvaron vidas, las más posibles, porque no faltaron los inconscientes que organizaron bodas, cumpleaños, fiestas, jaripeos y peleas de gallos, a quienes, mediante la autoridad policial se les tuvo que obligar a resguardar su salud, que irónico.

Algo así como la propuesta en secreto de un grupo de dueños de bares y restaurantes que desafiando a la autoridad se organizan para todos, abrir el sábado a mediodía bajo la premisa de que “ni modo que nos cierren a todos”, vaya caso.

Mientras que el personal de primera línea en la lucha contra el COVID-19 espera la aplicación de la segunda dosis de la vacuna agotados física y emocionalmente de ver como sus pacientes pierden la batalla en una cama de hospital mientras hay personas que no cuidan ni su propia vida.

Vaya el reconocimiento a todos y cada uno que aportaron su granito de arena para frenar el crecimiento acelerado de la epidemia en la entidad y que no habría sido posible sin la determinación impopular del Gobernador Silvano Aureoles.