Por Malo

El electorado cambió en 2018, el ciudadano común se decidió a votar en libertad despertando para siempre (espero). Aquel gran porcentaje del electorado que en el pasado vendió su voto a cambio de dádivas miserables como pacas de lámina de cartón, despensas, camisetas, gorras, delantales, bolsas para el mandado o dinero en efectivo decidió darle el poder a un nuevo partido y reconfigurar e l equilibrio de los ya existentes o de plano aprendió a ejercer el voto simple y llanamente porque nadie se lo compró.

Ese año los mapaches y agentes compra votos se quedaron con la lana y no operaron como lo hacían habitualmente en cada proceso electoral. Los mapaches anticiparon la derrota y al ver que dejarían de vivir del presupuesto se quedaron con el dinero sabedores de que el porcentaje de votos a superar con chanchuyos era tan alto que no alcanzaría ningún dinero para lograrlo.

El ciudadano que vendía su voto en elecciones anteriores difícilmente va olvidar lo que se siente votar con la cabeza y no con el estómago. Espero que haberse convertido en ciudadanos de primera les sirva para resistir las tentaciones de la mercadotecnia, la demagogia y el clientelismo aún vigentes.

Muchos comunicadores nos quemábamos las pestañas tratando de descubrir la manera de despertar al ciudadano que comerciaba con su voto. Queríamos convencerlo de que votara por quien él considerara conveniente para el cargo en cuestión, sin saber que el cambio se daría casi de manera accidental.

Morena es un fenómeno electoral lleno de entusiasmo, fe, rencor y revanchismo; todo al mismo tiempo y en el mismo lugar. Tal condición es un verdadero desastre porque hacia fuera conquistan y hacia dentro se boicotean; el tic tac del reloj en Morena cada día suena más fuerte.

Pero Morena no es el pueblo, Morena son los políticos que salieron de otros partidos para apoyar a AMLO en su aspiración presidencial y ahora quieren su parte del pastel.

El PRI, PAN y PRD están en la lona; el verde y PT creciendo y una bola de partidos nuevos aprovechando la confusión de los partidos tradicionales, así que el ambiente luce raro y complejo. No estamos acostumbrados a ver a los miembros del viejo tripartidismo bajo la bota del electorado y a los partidos microchip con tanto potencial.

Como van las cosas Morena volverá a ganar la mayoría a pesar de que es un verdadero desastre como organización política. Carece de reglas para la competencia interna, carece de figuras y liderazgos magnéticos como López Obrador, carece de institucionalidad partidaria, pero dispone de un número mayoritario de votantes que siguen y seguirán castigando al PRI, PAN y PRD (el pacto por México de Peña, pues). La venganza es un plato que se come frío y con cuchara pequeña. Fuero tantos años de dominación y mercadeo de votos que el elector sigue encabronado y en pie de lucha, si bien sirvió de válvula de escape el triunfo de López Obrador eso no significa que el fantasma de la guerra civil se haya esfumado. Hay que recordar que en redes sociales se patentizó la disposición a tomar las armas en caso de un triunfo electoral amañado en el 2018 y que gracias a la victoria de Morena seguimos viviendo en paz.

Recuerdo que leí varios comentarios que proponían salir a matar corruptos si le robaban el triunfo a AMLO, eran tantos comentarios en el mismo sentido que la cosa se puso color de hormiga… yo mismo tuve que ponerme a pensar qué haría si se desataba una guerra civil en México, pero lo más grave era que muchos estábamos pensando lo mismo. Hoy sabemos que era el 15 por ciento de los mexicanos el famoso tigre. 15% es un chingo de gente. Con más de 15 millones dispuestos a entrarle a los balazos si se arma un buen borlote.

La victoria de AMLO apaciguo al tigre, pero no disolvió el rencor, no borró la memoria ni nos convirtió en ovejas, al contrario, me parece que el ciudadano común que no pudo cobrárselas por las malas está repartiendo en abonos chiquitos los cobros al régimen anterior. Eso le da tiempo a Morena para organizarse…pero dudo que lo hagan (la misma diversidad que los une los separa).

Si en Morena no se ponen de acuerdo en vez de hacer historia va a pasar a la historia en cuanto termine el sexenio.

Aún queda tiempo; tiempo para que el elector siga castigando a los viejo partidos, tiempo para que Morena se ponga las pilas o termine yéndose con el sexenio de López Obrador, tiempo para que los nuevos partidos se consoliden o desaparezcan, tiempo para que el elector se decida a salir a la escena pública y participar directamente, sin la clase política, en las grandes decisiones nacionales.

Hasta la próxima.