Psic. Liz Gomez

Por Liz Gómez

Se sabe que ante un desastre natural o trauma como un accidente de cualquier tipo, un asalto, presenciar un homicidio, violación, etcétera, las personas en el peor de los casos entran en crisis, actúan con miedo, se paralizan y finalmente no saben qué hacer, lo que obstaculiza la acción inmediata para resolver y minimizar el daño que se avecina. Estos desastres conllevan a una pérdida, ya sean de bienes materiales, de personas, de la propia esperanza e incluso llega el fatalismo hacia el futuro.

El miedo posterior al desastre natural o trauma, tiene formas de hacerse manifiesto. Puede ser que una persona que haya vivido  una situación como esta manifieste este miedo a través de actitudes cómo: timidez, agresión, aislamiento, llanto e irritabilidad a la menor provocación, pesadillas, insomnio, pensamientos recurrentes fatalistas sobre el acontecimiento, aunque no los haya vivido como tal, llegan a ser producto de su imaginación a causa del estrés, angustia y ansiedad.

El miedo postraumático surge por preocupación a la pérdida de un familiar si volviera a ocurrir algo así, miedo por sentirse inseguro o vulnerable, miedo de la propia muerte o la lesión de alguna parte del cuerpo, a una enfermedad, e incluso miedo a quedarse solo o perder todo lo que se ha obtenido con esfuerzos económicos.

Si alguien está en proceso de recuperación de un desastre o trauma, es importante recomendar el trabajo de duelo ante las pérdidas de cualquier tipo vividas, tanto físicas, materiales y simbólicas. Recordando que es normal y necesario ayudar durante este proceso, a que la persona pase por cada una de las etapas de su duelo, desde la negación del hecho, hasta la aceptación y reacomodo de actividades habituales que la persona realizaba antes del desastre  o trauma.

Sin embargo, después de haber vivido este acontecimiento ¿Qué hacer si se tiene miedo, pensamientos irracionales castróficos o dificultad para continuar con su vida? Primero, se debe tener muy en cuenta que algo que no se trabaja a nivel emocional llega con mayor intensidad en una situación futura similar. Se debe participar en simulacros, estos te informan, recuerda que siempre la información y experiencia disminuyen la angustia. Evita personas que te causen mayor miedo y ansiedad con sus respectivos pensamientos. Busca aproximaciones sucesivas con videos informativos, inscríbete en capacitaciones que te enfrenten a situaciones similares, evidentemente con una guía profesional. Identifica los recursos que tienes para pedir ayuda con un experto si definitivamente solo no puedes avanzar y adaptarte a tu vida diaria nuevamente. Sé consciente de que hay más personas en la misma situación que tú, eso ayuda a identificar que son empáticas contigo y por consecuencia ayuda a no sentirse solo. Realiza ejercicios de relajación profunda para poder controlar tus pensamientos. Recuerda que los niños aprenden por imitación, no provoques con tu miedo, un miedo innecesario en ellos. Fomenta el control y toma de decisiones en tus actividades diarias para poco a poco recobrar seguridad en ti mismo. Visualiza logros posteriores al desastre o trauma vivido, por ello será importante identificar situaciones de éxito en otros lugares o personas que han pasado por una situación similar, eso ayuda a promover confianza y evitar ideas fatalistas acerca del futuro. Y algo de lo más importante, reconoce situaciones de riesgos reales y no desde la fantasía negativa.

Por otro lado, las personas que no están dentro de la vivencia de un desastre natural o trauma, es importante saber las siguientes indicaciones o sugerencias para ser un agente de apoyo momentáneo en esa situación. Primero, hay que ayudar a respirar a la persona afectada para que el pánico no lo paralice; provoca que hable de lo que está sucediendo, el hablar es una forma de desahogo que ayuda a contener para que el cuerpo no colapse con la emoción; ayuda a disminuir el sentimiento de culpa e impotencia en la persona, en caso de que aparezca por situaciones donde se sientan que pudieron evitar, ayudar o reducir las consecuencias; ayuda a concretar e imaginar desde la realidad el futuro inmediato y las esperanzas de la persona afectada; reconstruye relaciones con otras personas afectadas o familiares cercanos para que no se sienta solo ante la pérdida vivida, eso genera un proceso de empatía, la cual ayudará a dar soporte momentáneo; es de suma importancia mostrar interés hacia lo que la persona está pasando y expresando; forja confianza para que se sienta con una persona que le esta dando sostén emocional y fortaleza; haz uso de la empatía; no interrumpas a la persona afectada si se está desahogando,  recuerda solo ser un monitor de descarga para ellos; evita aconsejar y juzgar lo sucedido, eso implica no minimizar o maximizar la situación por la que se está pasando; finalmente hazlo sentir acompañado emocional y físicamente de tal manera que sienta que hay comprensión y disposición a ayudarlo.

No es fácil estar en una situación de desastre natural o trauma, y menos cuando te encuentras fuera de casa. La seguridad debe ser una de tus mayores prioridades cuando estás viviendo una situación así, las actitudes que siempre ayudarán en circunstancias como estas, es la calma y racionalidad, pues entre menos des lugar al miedo y ansiedad, habrá más probabilidades de que todo salga bien al final. Recuerda que todas las personas que ven o sufren una situación de desastre/trauma se ven afectadas de algún modo, por lo tanto, es normal estar preocupado por la propia seguridad, la de la familia y amigos, sin caer en una situación de pánico, sin embargo, la tristeza, el dolor y el enojo son reacciones normales ante una situación anormal, pues son emociones instintivas que se activan como protección, por ende, si las reconoces te ayudarán a recuperarte.

Nos vemos pronto con más palabras democráticas para el placer y la conciencia.

Liz Gómez, psicóloga, psicoanalista

fiel creyente de que en la oscuridad es

donde encontrarás más luz y conciencia.