Por Liz Gómez

Esta situación de contingencia a la mayoría de las personas las tiene en absoluta cuarentena, y eso hace que los lazos afectivos en casa puedan tener muchos roces por la constante convivencia que habitualmente no se tiene.

Incluso hay situaciones que fuera de la cuarentena han hecho de los vínculos afectivos situaciones difíciles de sobrellevar, es decir, la causante no en todos los casos es la cuarentena, sino circunstancias que desde antes ya estaban presentes en las relaciones interpersonales pero que ahora han detonado en algo inadecuado.

Lo que se abordará también puede ayudarte en lo posterior a la contingencia, pues es colaborar a generar un estilo de vida en el que hagamos de la afectividad un hábito sano.

Es importante recordar que un vínculo seguro se establece desde la confianza y constancia con el otro, genera bases sólidas para crear un desarrollo físico, psicológico y social adecuado. A veces este tipo de vínculo no se genera por la poca capacitación de los padres, porque ellos no recibieron esas atenciones y por consiguiente no saben cómo proporcionarlas, e incluso también intervienen situaciones difíciles del trabajo, económicas o de pareja que impiden proporcionar  amor y seguridad apropiados a los hijos o  personas que dependen de su estabilidad emocional.

Para fortalecer los lazos afectivos es importante que empieces con el hábito de abrazar a las personas que están cerca, los abrazos son una forma de contener a la persona, de generar afecto y aceptación, la ausencia de este crea rechazo e inadecuada percepción sobre el contacto físico. Escuchar activamente a los demás es súper importante, al escuchar me refiero a dejar que la otra persona se exprese sin interrupciones, ni cuestionar el porqué de su sentir de forma sarcástica u hostil, quien se siente escuchado invariablemente se siente amado, por ello hay que turnar las intervenciones cuando se tenga una conversación. Tratar de tener un horario donde al menos uno de los alimentos los consuman juntos con el fin de fomentar la convivencia, y que justamente ese espacio se aproveche para conversar y hacer sobremesa. Buscar tiempos de ocio juntos o juegos en familia, si tienes hijos pequeños esto te ayudará para promover los límites y la tolerancia a la frustración dado que ayudarás a entender cómo se debe sobrellevar las cosas cuando no se gana, así mismo a respetar las reglas del juego que se esté realizando, incluso en los adultos esto se fortifica y se elabora ya que hay adultos que les cuesta lidiar con perder y sobrellevar la frustración. Ahora que hay tiempo de sobra para estar con los que queremos, es importante interactuar para interesarse por los gusto del otro, hay veces que el ajetreo cotidiano hace que se distancien y no se den cuenta de las nuevas actividades y gustos que se tienen en los miembros de la familia, situación que agrava las relaciones interpersonales dado que desconocemos al otro aun cuando se convive a diario. Cuando alguien manifieste un problema o lo comparta aunque ya haya pasado, es importante no minimizarlo, recordemos que tal vez para nosotros sea algo simple y sin importancia, pero para la otra persona puede representar algo verdaderamente doloroso, difícil y  fuera de su control, hay que ser empáticos y entender su postura, siempre dando prioridad a su sentir y vivencia.

Al igual que se castiga o reprende a alguien es muy importante que también se reconozca, este momento de aislamiento es un buen momento para reconocer y alagar al otro tanto como también se ha sancionado o regañado, dado que una persona que sabe que tiene virtudes como defectos es segura de reconocerse y aceptarse frente a los demás, por el contrario, si solamente se sanciona esta persona entenderá que sus objetivos no son válidos, que sus errores tienen más valía y por lo tanto se acostumbrará al fracaso.

También hay que promover la expresión de emociones y sentimientos sin restricciones, con el fin de que las personas puedan sentirse contenidas, escuchadas y sobre todo acompañadas en su sentir, si bloqueamos emociones desagradables como el enojo, la ira, el estrés, la tristeza, etcétera, se está enseñando que esas emociones están prohibidas y por lo tanto, la persona buscará taparlas con otras emociones o sentimientos más delicados que para su funcionamiento emocional no serán adecuados ni sanos. Finalmente si los hijos se dieron cuenta de alguna discusión entre papás, es importante promover el perdón, no como una carta intercambiable sin restricción, sino qué por principio, así como los hijos presenciaron una discusión, deben presenciar la reconciliación, ello con el fin de dar seguridad a los hijos para mostrar ambas emociones y entender que los errores son válidos siempre y cuando no sean intencionales, y que se pide disculpas solo y únicamente si la situación no se repetirá, de lo contrario el perdón será utilizado como un boleto interminable y como consecuencia no habrá un ajuste en la conducta dado que la misma conducta se estará repitiendo a causa de que el perdón lo compensa, más no lo cambia.

Recuerda que la afectividad positiva da autonomía y control adecuado de las emociones, ambas cosas imprescindibles ante la contingencia que estamos viviendo, debemos de cuidar nuestra estabilidad porque de ella depende la estabilidad de muchos, no olvidemos que esto es como un efecto domino, que donde cae uno pueden caer muchos.

El éxito como adultos sanos y estables emocionalmente dependerá de la intensidad y calidad de las relaciones afectivas que han construido desde su infancia, si hay algo pendiente no resulto, es el momento adecuado para analizarlo y colaborar a que los más pequeños no lo padezcan.

Nos vemos pronto con más palabras democráticas para el placer y la conciencia.

Liz Gómez, psicóloga, psicoanalista

fiel creyente de que en la oscuridad es

donde encontrarás más luz y conciencia.

psic.lizgomez@yahoo.com.mx