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A propuesta de Brissa Arroyo se inscribirá en el Palacio Legislativo con letras doradas el nombre de Amalia Solórzano Bravo

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• Amalia Solórzano Bravo, demostró su gran compromiso con las causas sociales 

• Respaldó al gobierno en una de las decisiones más importantes en defensa de la soberanía nacional como fue la expropiación petrolera 

Morelia, Michoacán, a 12 de febrero de 2026.- A iniciativa y propuesta de la diputada local Brissa Arroyo Martínez, se inscribirá con letras doradas el nombre de “Amalia Solórzano Bravo”, en el muro de honor del Palacio Legislativo.

La Congresista y Coordinadora del Grupo Parlamentario del PRD (GPPRD) en la 76 Legislatura, subrayó que  la señora Amalia Solórzano Bravo fue una de las figuras más visibles de la política mexicana de mediados del siglo XX, una mujer muy sensible, revolucionaria y adelantada a su tiempo.

Doña Amalia, como era llamada cariñosamente, fue integrante del Comité de Ayuda a los Niños del Pueblo Español.  Fundado en 1936, este organismo intercedió por cientos de menores que estaban refugiados en Francia como consecuencia de la Guerra Civil y que llegaron a México en 1937, a quienes se conoce como los ‘niños de Morelia’.

La señora Amalia Solórzano Bravo,  “es digna de recordar por  el esfuerzo por reconocer sus propios méritos, que le merecen un lugar preponderante en la historia del siglo XX en México”. Es  originaria del municipio de Tacámbaro,  y “se distingue como una figura ejemplar cuya trayectoria merece ser honrada en el recinto legislativo más importante del estado”.

Nacida el 10 de julio de 1911, Amalia Solórzano fue mucho más que la esposa del expresidente Lázaro Cárdenas del Río.  Desde muy joven, demostró un firme compromiso con las causas sociales, la justicia y la solidaridad, actuando siempre con un profundo sentido de responsabilidad cívica y ética.

Su participación activa en procesos fundamentales de la vida nacional la posicionan como un referente moral y político en la historia contemporánea de México.

Uno de los actos más notables fue su participación en el Comité Nacional Femenino que, durante la expropiación petrolera en 1938, se dedicó a movilizar a miles de mujeres mexicanas para reunir fondos y apoyar al gobierno en una de las decisiones más importantes en defensa de la soberanía nacional.

A lo largo de su vida, mantuvo una cercanía real con las comunidades indígenas, los movimientos sociales y las causas progresistas;  incluso en contextos adversos, como en el Movimiento Estudiantil de 1968, mostró su solidaridad con los sectores que luchaban por libertades democráticas y justicia social, haciéndolo desde una postura firme pero discreta, sin protagonismos innecesarios, lo cual evidencia su humildad, congruencia y compromiso ético.